Un legado de fe, familia y compromiso: La vida de Gregorio Carazo Gutierrez

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Greogorio Carazo

Hace unos dias enterramos a mi padre que murio con 90 años, y seguro que esta en el cielo. Tuvo un vida ejemplar por eso he escrito esta pequeña semblanza.

La trayectoria de Gregorio es el testimonio de un hombre que supo entrelazar su vocación profesional con una profunda vida de fe y un amor incondicional a su familia. Su historia, que comienza en Torredonjimeno y se consolida en Jaén, nos deja lecciones valiosas sobre la superación, la ética y la alegría incluso en la adversidad

Forjado entre el esfuerzo y el amor

Aunque en su juventud no se consideraba un apasionado de los estudios, su vida dio un giro de responsabilidad cuando conoció a Carmina, quien sería su mujer y compañera de vida. Tras formarse como profesor Mercantil en Valladolid y Granada, inició una carrera administrativa en Hacienda que compaginó con la formación de una familia numerosa: 9 hijos que fueron siempre su prioridad.

Los inicios no fueron sencillos. Con una familia creciente, Gregorio afrontó dificultades económicas con humildad y sacrificio, llegando a tener varios empleos simultáneos y emprendiendo como asesor fiscal por su cuenta para asegurar la educación de sus hijos. Siempre decía, con optimismo, que «Dios aprieta pero no ahoga».

Compromiso social y profesional

En el ámbito laboral, se convirtió en un profesional de reconocido prestigio en Jaén, destacando no solo por su capacidad técnica, sino por su ética inquebrantable. Como firme defensor de la justicia social, buscó siempre aplicar el concepto de salario justo y honestidad en los negocios.

Su inquietud por la educación le llevó a ser uno de los impulsores de los colegios Altocastillo y Guadalimar en Jaén. En una época de incertidumbre, trabajó puerta a puerta para sacar adelante un proyecto educativo basado en valores cristianos que hoy beneficia a cientos de familias.

Un «segundo cumpleaños» y la alegría en la enfermedad

Un pilar fundamental en su vida fue su pertenencia al Opus Dei como supernumerario, un paso que dio ya casado y con cuatro hijos. Gregorio llamaba cariñosamente al aniversario de su admisión en la Obra su «segundo cumpleaños», una fecha que celebraba con profunda gratitud.

Sus últimos años estuvieron marcados por la enfermedad, la cual afrontó con una discreción tal que incluso sus nietos apenas le recordaban como un abuelo enfermo. Hasta el final, mantuvo su sentido del humor, su afán por cuidar de los demás —preguntando por los hijos de sus enfermeras o animando a sus nietos en sus estudios— y una piedad firme, apoyada en el rezo del Rosario y la confianza en la Virgen.

El valor de los detalles

Gregorio fue un hombre de detalles: desde crear un grupo de WhatsApp para mantener unida a su familia extendida hasta pedir que enderezaran el cuadro de su madre en sus últimos días. Se marchó rodeado del cariño de su mujer, hijos y nietos, dejando tras de sí un ejemplo de cómo vivir con plenitud, sencillez y una sonrisa constante.

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